miércoles, 26 de diciembre de 2012

Cuando las Torres nacen como los Árboles:


Les presento un buen artículo, sobre el crecimiento indiscriminado de edificios en zonas urbanas.

Escrito por:

Ricardo Yturbe López



Presidente de la Asociación Civil Vecinos y Consumidores, Director Ejecutivo del Centro Peruano para la Democracia. Especialista en temas municipales, tributarios, laborales, defensa del consumidor y de la políticas públicas.











Cuando las Torres nacen como los Árboles:
Radiografía de la Inoperancia, Ineficiencia, Inconsecuencia y Corrupción de las Autoridades del Gobierno Central, Municipales y del Poder Judicial, a partir del Caso de las Construcción de Edificios en Lima Metropolitana

A veces me pregunto por qué los “progres” limeñitos se rasgan tanto las vestiduras por el agua, los espacios y los recursos naturales de Cajamarca, Arequipa, Lambayeque, entre otros. Cuando no son capaces de protestar y, en el caso de tener la gestión en la mano, no hacer nada por casos tan cercanos a nuestra vida diaria, como las imprentas en zonas residenciales, por los químicos que usan y el polvillo del papel que cortan que terminan causando asma u otras enfermedades en las vías respiratorías; o por el humo de las panaderías. Pero el caso que pinta la incoherencia de esta gente, por sobre todas las cosas, es la defensa del agua en Cajamarca, pero no le dan un pito de importancia al agua en Lima.
Desde el año 2003, en el País y, principalmente, en Lima se inicia una ola de construcciones de edificios en concordancia con el lanzamiento de programas “Mi Vivienda” y “Mi Techo” (por mencionar los más emblemáticos); y al día de hoy Lima se encuentra infestado de edificios. Me acuerdo que hace unos 5 años se abrió un debate entre ingenieros civiles y arquitectos sobre el crecimiento de la ciudad, en el que los segundos planteaban la idea del “Desarrollo Urbano Sustentable” vs el “Desarrollo Material” de los primeros.

Al final, y a juzgar por lo que veo en la ciudad, como va desapareciendo las casas de amigos y familiares y en sus terrenos se levantan torres que van desde los seis hasta los veinte pisos, ganaron los ingenieros civiles. Y debe ser por que las grandes constructoras se alinearon en defender la idea de éstos. Pero hasta acá no va faltar alguien que me critique y me diga que la gente tiene derecho a una vivienda digna, que para eso se trabaja, y me tildaría de loco. El problema principal no es la estrategia de las constructoras, ellos hicieron bien su trabajo, y convencieron a tres gobiernos que es importante en impulsar estos programas de vivienda para la población, sino los pocos reflejos y la incapacidad de las autoridades del Gobierno Central y la Municipalidad de Lima, por un lado, la corrupción e inoperancia de las Municipalidades Distritales y el Poder Judicial.

Hagamos un ejercicio simple, imaginemos una casa de 300 metros cuadrados, en donde residían diez personas hasta el 2005, y luego se levanta un edificio de seis pisos, con sólo cuatro departamentos por piso, y asumamos que sólo vive una pequeña familia de tres personas. Entonces estamos hablando de setenta y dos personas, donde antes sólo vivían diez. Es decir, se multiplico por siete la cantidad no sólo de personas, sino de basura, residuos fecales y, sobretodo, el consumo de agua.
La infraestructura de saneamiento no ha podido crecer a la par con el desarrollo material de la ciudad. La estructura de tuberías han colapsado, sino cómo se explica los desbordes de los desagües que se da a diario en la ciudad, y curiosamente, en las zonas en donde ha proliferado la construcción de torres de mínimo quince pisos. Hasta acá la responsabilidad es del Ejecutivo, en cabeza de SEDAPAL. Ojo, no quiero dejar de mencionar el caso de Villa María del Triunfo, que se trató de desgaste de tuberías que, en algunos casos, debieron ser cambiados en veinticinco años, y han pasado cuarenta años sin ser cambiadas, corroborando así lo antes mencionado. Ahora, díganme si este no es un caso de contaminación en donde el comité limeño de “Conga NO VA” debería estar interesado. Sin contar el hecho que Lima es una ciudad con rasgos desérticos, es decir que el agua será escasa, en no mucho tiempo, y la proliferación de estas torres, no hace más que poner en evidencia la precario de nuestro sistemas de desagüe y alcantarillado. Ergo, el agua se acabará y nadie dice “Graña NO VA” “Odebrecht NO VA”, no dicen nada.

Sin embargo, la construcción de edificios se lleva a cabo alegremente, sin respetar los parámetros señalados en las normas de la Municipalidad Metropolitana de Lima, que reglamentan la cantidad de pisos máximos, de acuerdo a la zona. Vemos como en Distritos como Lince, Jesús María, Pueblo Libre, Miraflores y Magdalena, en donde existen zonas en las que sólo se puede construir máximos edificios de seis pisos, levantan edificios de 20 pisos, sin ningún reparo, obstruyendo la vista al paisaje, o el goce de luz natural (que deviene en un caso ambiental). Pero vayamos más allá del caso ambiental, en este caso existe una flagrante violación de normas que ni la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) y sus iluminados técnicos, se han dado la chamba de fiscalizar de oficio y dar cuenta a las Municipalidades Distritales para que se cumpla con las normas respectivas. Nota aparte: Muchos de esos iluminados y miembros de la planilla de la MML, incluyendo regidores, pierden su tiempo metiendo sus narices, en eventos contra el proyecto minero Conga en la Plaza San Martín, en lugar de cumplir su trabajo y justificar su sueldo.
Y bueno, ante la inoperancia de la MML, y como bien versa el dicho “Cuando el gato sale, los ratones hacen fiesta”, los ratones de las municipalidades distritales, hacen grandes negociados con constructoras, o los mismos Alcaldes arman las suyas mediante testaferros, para violar la Ordenanza Metropolitana que la MML no se preocupa en hacer respetar, por estar protestando por Conga en la Plaza San Martín.

Y finalmente, ante la vulneración de sus derechos, los vecinos no tienen otra opción, que acudir al Poder Judicial para plantear sus acciones de amparo que en un Poder Judicial lento y con grandes vistos de corrupción, hace dormir el sueño de los justos a sus causas.
Como podemos ver, el crecimiento de una ciudad depende no sólo de construir desmedidamente, sino de que todo el sistema de gestión pública y los poderes del estado crezcan y evolucionen de conformidad a la necesidad de una ciudad moderna, con nuevas necesidades. Por ejemplo, no sé qué tan necesario resulta que la ciudad siga creciendo hacia arriba, si podría hacerlo horizontalmente, y el estado podría impulsar medidas que incentiven la migración hacía las afueras de Lima. Pero para ello, necesitamos un Estado Central y Una Municipalidad Metropolitana que trabajen en integrar la ciudad con las provincias, tendiendo carreteras que hagan más rápido el viaje hacía las zonas comerciales de la ciudad, que se trabaje en un transporte público que integre y conecte Lima con las provincias aledañas, facilidades de acceso al crédito para acceder a un vehículo. Estoy seguro si se suma el costo de una vivienda en Mala y el costo de un carro del año, es mucho menor que comprar un departamento de ochenta metros cuadrados en Pueblo Libre que bordean los cien mil dólares americanos.
Pero para todo ello necesitamos la voluntad política de nuestras autoridades, y sobretodo que trabajen en función a una Lima moderna, segura, e integrada. No como ahora que se trabaja contra el reloj y un proceso de revocatoria.


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